Florence Nightingale convencida de que casarse era sinónimo de esclavitud y que Dios la había inspirado para ser enfermera, fue a la guerra de Crimea (1853-1856) para ayudar a los heridos donde alcanzó fama mundial por sus trabajos precursores de enfermería en la asistencia a los heridos. Disgustada por el sufrimiento innecesario de los militares, la enfermera importunó las autoridades para denunciar las condiciones en los hospitales militares, sin sospechar el efecto que sus conclusiones tendrían en el futuro de la medicina y la enfermeria.